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Abajo, abajo, abajo.
¿Acaso la caída no iba a terminar nunca? O bien el pozo era muy profundo, o bien ella caía muy despacio, pues, mientras descendía, tuvo tiempo de sobra para mirar a su alrededor.
¡Ay, no! ¡Ay, no! ¡Voy a llegar tarde!
No había nada en ella, salvo una diminuta llave dorada.
¡No sois más que un mazo de cartas!
Había puertas por todo el vestíbulo, pero estaban todas cerradas con llave.
Aquí estamos todos locos.
Debes de estar loco, si no, no habrías venido aquí.
Encuentra el camino a casa